Cuerpo herido por Alondra Salcedo Ponce
FICCIÓN
En un jardín lleno de flores violetas florecidas dando olor a un bosque muerto sin alma, se encontraba lo que parecía una chica sin nombre mirando a un árbol grande. Lleva un vestido blanco de manguillo, tenía un escote en el pecho en forma de corazón. Sus pies descalzos pisaban la grama verde llena de hormigas. Sus ojos miraban directo, su pecho no subía ni bajaba, no sentía el viento que movía su pelo castaño, no sentía nada. La naturaleza, preocupada por las heridas que la chica reflejaba, envía a pájaros a hacer ruidos, manda mariposas amarillas hermosas para que pasaran por ella; animales como ardillas, lobos, búhos, y otros fueron enviados a llamar su atención sin respuesta.
La chica no sintió nada. Su hermoso cuerpo estaba lleno de heridas que le causaron. Llevaba en sus brazos palabras que salieron de sus seres queridos que terminan en ella como tatuajes, en el pecho se encontraban momentos que la lastimaron y solo le dicen que supere. Sus carnosos labios estaban cosidos sin sangre a su alrededor. Sin sentir ningún dolor. Sus piernas llevaban púas que los profesionales le habían dibujado dejándola sin poder avanzar. Su cuello tenía unas cicatrices curadas con sangre vieja. Aun sus ojos marrones iluminados por la luz del sol miraban a ese árbol grande. La naturaleza le mandó otro fuerte viento, pero esta vez para las hojas del árbol. Algunas hojas verdes oscuras se cayeron, captando por fin la atención de la chica que se dobló rápido y comenzó a levantar cada hoja del árbol. A la naturaleza le dio un fuerte golpe. Los animales se acercaron a ella con preocupación, sintiendo su tristeza y el peso que llevaba.
El viento paró de un cantazo, asustando más a la chica. Se quedó mirando de un lado a otro, su mirada reflejaba un miedo fuerte; cuando se sintió segura volvió a mirar sin parpadear al árbol, aún con las hojas caídas en las manos rotos aguantadas por curitas. La naturaleza decidió acercarse al árbol y descubrir qué era lo que tanto miraba. Los animales también enfocaron toda su atención. En un gran y hermoso árbol, todas sus ramas llevaban hojas verdes y ninguna marchita. Es uno de los árboles que nada lo ha roto y siempre sigue en pie dando vida. La naturaleza sigue sin entender aún muy bien y decide entrar dentro del árbol. En lo profundo logró entender qué le pasaba. Igual que la chica, ese árbol tenía cicatrices de seguir aguantando a las perfectas hojas, darle un hogar a las abejas, protegiendo al bosque de mucha luz y cuidando a los humanos. Desde que la naturaleza tiene memoria, siempre ha visto ese árbol ahí; todos se han beneficiado de él, pero no ha hecho nada. La chica puede estar identificándose como el árbol. Albos con heridas en sus cuerpos causadas al beneficio de otros.
La naturaleza dentro del árbol decide buscar la manera de ayudarla. En el punto medio del tronco decidió hacer un dibujo de una señora mayor pero hermosa. No tenía color de ojos aunque todo lo veía; por fin logró tener labios para hablar con alguien y con la nariz puntiaguda respiró el aroma cálido de su hermoso bosque. La chica soltó sorprendida las hojas que llevaba en sus manos rotas; sus labios se iban descosiendo, los animales que estaban a su lado se alejaron del miedo. La naturaleza le dio una sonrisa para que sintiera seguridad.
“¿Por qué está tan rota mi dulce niña?”
La chica movió sus labios sorprendida; sus ojos se habían iluminado con miedo o tal vez de felicidad. Su primer acto fue intentar sonreír, pero no lo logró. Con la mano en el pecho tatuado de recuerdos, alzó la vista al carbón en donde la naturaleza estaba hablando. Ambas se dieron su tiempo para hablar. Por primera vez la chica no sentía prisa ni obligación; ahora todo dependía de ella, por primera vez y última.
“No sé,” fue la única contestación que dio la chica, los animales del bosque se volvieron a acercar, un conejito blanco como la veis con su patita suave le soba el tobillo de pierna como si le diera ánimo. “No sé cómo pasó todo.”
La naturaleza abrió grandemente los ojos viendo como la chica sacaba unas pequeñas lágrimas.
“Déjame ayudarte, no tengo muchas maneras, pero quiero intentar salvarte igual que al árbol. ¿Qué es lo que más quieres?” La naturaleza no podría hacer nada, por eso en vez de prometer algo imposible le ofrece algo que la haga feliz.
La chica lloraba más fuerte esta vez, sus lágrimas llenaron el río del pueblo; su pecho subía y bajaba aún con la mano en él. Movía la cabeza de un lado a otro y daba muchas bocanadas de aire que la empeoraron más. De la nada la chica cae de rodillas al suelo; su interior gritaba, la naturaleza cree que sobrepasó los límites; cuando le iba a dar un espacio y mandarle aire, la chica habló explotando.
“Quiero ponerle un punto a mi historia. Estoy cansada de las gomas, estoy cansada de las hipérboles, estoy cansada de la exageración. No quiero más punto y goma, solo pido un punto y ya sin ninguna continuación.”
“¿Quieres la muerte?”
La chica en el piso, mirando al cielo con sus ojos llorosos, asiente con la cabeza, intentando tranquilizar su respiración. Tomó hojas del suelo y se apretó el pecho.
“No quiero sentir más dolor. Allá en la ciudad celebran bailando con música muy alta, con comida para todos; allá hay gente riendo celebrando mi caída en el día de mi nacimiento. Nadie lo recuerda. Nadie recuerda lo que me hicieron mientras que yo cargo con todo en mi piel… Nadie de mi familia me cree cuando les hablo. Dicen que solo quiero atención; ellos me dejaron con el monstruo que me intentó comer, pero solo logró tocarme y morder. Mi vida acabó hace tiempo cuando mi propia sangre me dijo que me callara y que le diera una sonrisa al mundo. No quiero soportar esta carga; estoy cansada, tan cansada.”
La chica lloraba fuerte sacando todo lo que llevaba adentro, queriendo ser libre y alguien. La naturaleza escuchaba con lágrimas que se convirtieron en lluvia, con enojo que convirtió el cielo azul en negro. Los ríos se alteraron al punto que salieron de su órbita, arañando con todo a su paso. El viento sopló muy alto llevándose árboles, arrancando las flores del jardín. La gente del pueblo con miedo entraba a sus hogares. Los animales comenzaron a tener miedo, las flores se iban con el brusco viento, la naturaleza estaba en descontrol, alternándose al tiempo a causa de su enojo, acabando con la celebración del pueblo.
“No. Tienes que parar lo que haces.” La chica se levantó con dificultad; temblando dio unos pasos para estar más cerca del árbol. La chica tocó el rostro del tronco con el que se comunicaba la naturaleza intentando calmarla. “No quiero venganza, quiero dormir en paz, no importa que no sea recordada, solo quiero que no vuelvan a lastimar a nadie más.”
“Eres muy buena para este mundo cruel lleno de guerras. No te puedo asegurar que no lastimen a nadie más porque se sale de mi control, tampoco puedo ayudarlos a salir de esa cárcel; sin embargo, les puedo ofrecer esperanza.”
“La que yo perdí.”
La naturaleza entendió que aunque la chica fue lastimada por hombres sin corazón, no quería vengarse por su vida, no le importaba lo que pasara con ellos; después de que no lastimaran a nadie más, ella estaría bien, aun cuando no estuviera. La naturaleza no sabía muy bien cómo le daría esperanza a otras personas para salir adelante. Parando el caos que hizo, vio que su enojo arrancó las flores de su bosque y de los otros; el río entró a casa y a comercios; su lluvia inundó carreteras; su violento aire se llevó casi todo el cielo más a su amigo.
“Perdoname. Te daré paz, pero no ahora, quiero que vayas a tu casa e intentes descansar. Gracias por mostrarme otra parte de mi mundo y el gran peso que tiene mi árbol.”
Con un viento liviano, varias hojas cayeron del árbol, liberando las ramas un poco. Las raíces del árbol se comenzaron a marchitar y su color marrón brillante se puso más oscuro. La chica abrió sus ojos claros, sorprendida y con miedo intentó acercarse, pero el mismo viento la arrastró para atrás. “Tranquila, los años lo han hecho muy fuerte; no caerá.” Le dijo la naturaleza para que se tranquilizara. La chica se quedó mirando al árbol nuevamente, pero ahora con una mirada diferente: una de paz, lo que tanto anhelaban.
Cuando la chica pensó que ya había acabado todo, comenzó a salir del bosque, cuando la naturaleza le habló ya en su forma natural.
“Cómo te llamabas?”
“Nadia.” Hubo un silencio en el que respiraba por última vez.
Al día siguiente, el cielo azul brillaba con el resplandor del sol, había un arcoiris con fuertes colores bien grande en el cielo, los pájaros cantaban, las abejas buscaban su polen y el bosque respiraba. Mientras que la naturaleza veía cómo por la camilla de los paramédicos salía el cuerpo de Nadia tapado con una manta blanca.
Alondra Salcedo Ponce nació el 29 de marzo de 2005 en Río Piedras y se crió en San Sebastián, Puerto Rico. Actualmente cursa su segundo año de estudio, en la Universidad de Sagrado Corazón en el bachillerato de Escritura Creativa y Literatura. Es la secretaria en la asociación de Epílogo del bachillerato que cursa. Tiene una escritura general, aunque le gusta más escribir de romance y fantasía. En sus historias, siempre intenta llevar el mensaje del medio ambiente y el cuidado del planeta y la importancia de la salud mental de cada persona. Recientemente publicó en el blog de La Corcheta de la universidad de Sagrado Corazón un cuento de romance navideño titulado “Una sonrisa en navidad.” En la antología de Cuentos a la Goyco, la cual se publicó en el 2024, se encuentra la participación de Alondra con el cuento corto de "Pedazos rotos en la acera," escrito a base del desplazamiento de San Mateo de Cangrejos en Santurce.